Un reencuentro histórico reunió a los exintegrantes de la banda en el Quilmes Rock 2007 y revivió el legado de Luca Prodan en uno de los momentos más emotivos del rock argentino.

El Quilmes Rock 2007 dejó múltiples momentos memorables, pero hubo uno que quedó grabado para siempre en la historia del rock nacional: el regreso de Sumo a los escenarios, aunque fuera por una noche.
A más de 20 años de la muerte de Luca Prodan, los músicos que formaron parte de la banda se reunieron en un show cargado de emoción, potencia y memoria. Sobre el escenario, Ricardo Mollo, Diego Arnedo, Germán Daffunchio, Roberto Pettinato y Alberto Troglio reconstruyeron, por última vez, la esencia de una de las bandas más influyentes del país.
No fue un simple homenaje. Fue una descarga cruda de energía, una celebración de una identidad musical que marcó a generaciones enteras. Temas como “La rubia tarada”, “Los viejos vinagres” y “Mañana en el Abasto” sonaron con una fuerza intacta, como si el tiempo no hubiera pasado.
La ausencia de Prodan, inevitable y omnipresente, se sintió en cada acorde. Sin embargo, lejos de intentar reemplazarlo, el show eligió honrar su figura desde el respeto y la autenticidad. La voz de Luca no estaba, pero su espíritu atravesó cada momento del recital.
Ese reencuentro también dejó en evidencia el peso cultural de Sumo en la historia del rock argentino. Su mezcla de post-punk, reggae y new wave no solo rompió moldes en los años 80, sino que sigue siendo una referencia inevitable para nuevas generaciones de músicos.
Con el paso del tiempo, aquel show en el Quilmes Rock 2007 adquirió un valor simbólico aún mayor. Fue la última vez que los integrantes originales coincidieron sobre un escenario bajo el nombre y la esencia de Sumo, cerrando un capítulo que difícilmente vuelva a repetirse.
Más que un recital, fue una despedida tácita. Un momento irrepetible donde el pasado volvió a hacerse presente, aunque sea por una noche.