En un mundo donde la IA cambia el trabajo, lo que más vale es la curiosidad y la capacidad de supervisar estas herramientas.

A medida que la inteligencia artificial (IA) sigue transformando el trabajo, hay un elemento que está emergiendo como la ventaja más valiosa para 2026: la curiosidad activa y la capacidad de entender, supervisar y orientar la producción de IA, más allá de títulos, empresas o cursos corporativos.
Según una investigación reciente, el valor ya no reside únicamente en quién ejecuta tareas más rápido, sino en quien puede trabajar con estas herramientas y sacarles verdadero provecho. El desplazamiento que se observa en los entornos laborales es más de funciones que de personas, pero exige una nueva forma de interactuar con la tecnología.
Capacitación vs. curiosidad
Aunque el 77% de los empleadores planea capacitar a su fuerza laboral en IA entre hoy y 2030, solo el 13% de los trabajadores actualmente cuenta con esa capacitación formal. Esto significa que aquellos que experimentan por curiosidad y práctica con herramientas de IA están cubriendo una brecha que no se resuelve solo con cursos estructurados.
La investigación recalca que hoy hay acceso público y gratuito a recursos como tutoriales en YouTube o asistentes basados en IA disponibles las 24 horas, lo que reduce las barreras tradicionales al aprendizaje.
La resistencia al cambio sigue siendo humana
No es que la tecnología sea el único obstáculo. El estudio destaca que la resistencia a adoptar habilidades relacionadas con IA no siempre se basa en dificultades técnicas, sino en factores profundamente humanos: miedo al cambio, nostalgia por métodos anteriores o la idea de que “es mejor mantenerse en la zona de confort”.
La IA no solo ofrece productividad, también expone esa productividad. Y no todos están preparados o dispuestos a confrontar eso. El desafío para muchos líderes y equipos es enfrentar la necesidad de aprender de nuevo, incluso desde lo más básico, para seguir siendo relevantes.