Una falla en el Parque de la Costa dejó a decenas de personas colgadas durante 20 minutos. Literal.
Porque hacer fila una hora no era suficiente castigo, el Parque de la Costa decidió subir la apuesta: esta vez la experiencia incluyó quedarse suspendido en el aire sin previo aviso.
El episodio ocurrió durante el feriado de Semana Santa, cuando un carrito de la montaña rusa “El Desafío” quedó detenido en plena altura. Según un testigo que registró el momento, una parte de la cadena del mecanismo “se soltó”. Sí, la misma cadena que, en teoría, evita que todo se convierta en una escena de película… pero de las que terminan mal.
El video se viralizó rápidamente y muestra a los pasajeros disfrutando de una experiencia alternativa: contemplar la vida desde las alturas mientras reconsideran todas sus decisiones previas.
Durante unos 20 minutos, las personas quedaron detenidas en lo alto del recorrido hasta que finalmente fueron asistidas. No hubo heridos, lo cual, considerando el contexto, ya cuenta como final feliz en versión argentina.
Cuando el problema no es nuevo (pero nadie se sorprende)
Como era de esperarse, los comentarios en redes no tardaron en aparecer. Y lejos de ser casos aislados, varios usuarios aseguraron que las fallas en los juegos son más comunes de lo que el marketing del parque quisiera admitir.
Desde montañas rusas que se detienen por media hora hasta piezas que “vuelan” durante el recorrido, el parque parece haber desarrollado una propuesta innovadora: una mezcla entre parque de diversiones y simulador de catástrofes.
Una vecina de la zona fue aún más directa: “cero mantenimiento”. Sin rodeos, sin marketing, sin filtro. A veces la honestidad duele… pero describe bastante bien la situación.
El combo completo: fallas + incertidumbre
Por si faltaba algo para completar el panorama, meses atrás se anunció la subasta de una parte del predio del parque. Más de 51.000 metros cuadrados podrían cambiar de manos, lo que suma una cuota extra de incertidumbre sobre el futuro del lugar.
Porque si algo tranquiliza al visitante promedio es saber que el parque donde se sube a una montaña rusa está, al mismo tiempo, parcialmente en venta.
Conclusión (o lo más cercano que tenemos)
El Parque de la Costa siempre prometió adrenalina. Lo que quizás no aclaró es que venía con un leve riesgo existencial incluido.
Al final, la verdadera atracción no es la velocidad, ni las curvas, ni la caída libre. Es la incertidumbre de si el juego va a terminar… o si te vas a quedar ahí arriba replanteando tu vida mientras alguien dice “tranquilos, ya lo están viendo”.